domingo, 5 de octubre de 2008

Epílogo


Ayer fue un día cargado de emociones y también de reencuentro con el mundo real. Siento no haber podido escribir esta entrada pero creía que era algo que no podía hacer con prisa. Primero un breve resumen de la jornada para ir calentando motores.

Dormimos en el albergue del Seminario Menor. Fue el más "caro" de todos, 10€, pero las instalaciones estaban realmente bien. Luis quería quedarse a descansar un poco más y yo bajé a eso de las 10 a callejear por Santiago y hacer algunas compras. Ya había estado en múltiples ocasiones en Santiago pero hoy era especial y apreciaba la ciudad de forma diferente a otras veces. Nunca había caído en la cuenta de la cantidad de tiendas de recuerdos que hay por cerca de la catedral. Es increíble.

A las 11:45 quedé con Luis en la Plaza del Obradoiro para ir a la misa del peregrino a las 12:00h. Entramos en la catedral y estaba todo ya completo. Quizás fue por eso por lo que no viví este momento con la intensidad que esperaba. La verdad es que ya estaba asumiendo que el viaje había finalizado. A pesar de ello varias ocasiones de la misa me parecieron muy emotivas. Varios curas de diferentes países dieron las benciciones a los peregrinos en sus respectivos idiomas. También fueron nombrando las procedencias e inicios de viaje de los peregrinos presentes (los que habían ido a obtener su compostela el día anterior, a nosotros no nos dijeron, claro. Fue un fallo por nuestra parte). Al finalizar la misa una rápida visita al sepulcro del apóstol y dejamos para mejor ocasión el abrazo a la figura del santo para evitar posibles colas en la oficina del peregrino (vivimos a menos de una hora en coche, no tiene mucha importancia). Dicha oficina está en la plaza de la fuente de los caballos haciendo esquina. Ahí nos dieron la Compostela que orgullosos mostramos en la foto (aunque la calidad de la cámara del móvil nos hiciera una mala jugada y parezca que sostenemos folios en blanco).

Para volver a Coruña utilizamos el tren regional. Ya se que pudimos hacer una etapa más y llegar en bicicleta pero el objetivo era llegar a Santiago y conseguido este el nivel de adrenalina había bajado y sinceramente no apetecía en absoluto pedalear una jornada más. No hubo problema para subir con las bicis aunque el "amable" revisor nos recordó que aunque haya sitio para bicis en el primer y último vagón y así esté claramente señalizado en la puerta del mismo sólo deberíamos saber que sólo pueden ir en el último a pesar de que eso no esté escrito en ningún lado.

Resumida nuestra última jornada llega el momento de sacar conclusiones. Lo primero es que la experiencia ha sido extremadamente positiva y que se la recomiendo a todo el mundo. Cuando no has hecho el camino uno piensa en las duras jornadas caminando que tendrán la recompensa de ver ciudades y pueblos con sus distintos monumentos. Lo que uno no se da cuenta hasta que lo ha hecho que el verdadero monumento que uno vera en el camino es la mejor esencia del ser humano.

Y es que el camino es un mundo a parte. Cualquier peregrino que intente sentir el camino intentara sacar lo mejor de uno mismo y ser un poco mejor cada día. En el camino se puede respirar solidaridad y optimismo allí donde uno vaya. Un buen peregrino siempre tendrá una sonrisa y un saludo a tu paso y una mano tendida ante cualquier problema que surja. Ejemplo de ello mi amigo (porque ya lo considero así) Jorge que me sacó del apuro de la bajada de la cruz de ferro. Otra prueba de ello es que en los albergues uno dejaba sus pertenencias toda la tarde encima de la cama. Cualquiera podría haber cogido toda la mochila y llevársela pero no fue así. No dudo que haya ciertos individuos mal intencionados que se alojen también en los albergues y que provoquen que la existencia de un cierto porcentaje de robos pero aún así me ha sorprendido y casi maravillado la honradez con la que todo el mundo parecía querer actuar.

Otra parte esencial del camino son los ánimos que uno recibe de la gente de su entorno. Ese calor lejano que uno recibe de los amigos es otra de las grandes sensaciones que se aprende a valorar de una forma muy especial. Cuando se está lejos de casa se aprecia muchísimo incluso la demostración más pequeña de que alguien se acuerda de ti. Es cierto el refrán de que "Los amigos se ven en las ocasiones" y he tenido la gran suerte de que tuve muchas más buenas sorpresas que triestes decepciones (que por supuesto también hubo alguna).

En el camino da igual la raza, el sexo, la edad, la condición física o la social pues ahí todos somos peregrinos. Ojalá cada uno de nosotros traslade a su vida cotidiana un poquito del sentimiento que hemos aprendido en el camino.

Todo tiene un comienzo y aunque no nos guste también un final. Pero normalmente el final de algo representa también el principio de algo distinto por lo que no tenemos que apenarnos sino coger con ilusión y ganas lo nuevo que comienza. Por eso esto no es un adiós sino un hasta luego.

Ultreia et suseia!

TO BE CONTINUED IN ... http://elcamino2009.blogspot.com

sábado, 4 de octubre de 2008

Una historia por escribir

Todavía no se cuando, no se con quien y ni siquiera se como pero lo que se seguro es que habrá otra historia. Y es que el camino es la droga más maravillosa que puede haber y una vez que la pruebas estás enganchado. Un peregrino es como un ex-fumador. Por mucho tiempo que pase a la primera ocasión que lo tienten volverá al camino y yo lo reconozco. Desde los primeros días el camino me enganchó y ya por siempre seré un peregrino...

Hasta la próxima. Un gran abrazo a todos los que nos habéis seguido durante estas dos maravillosas semanas.

viernes, 3 de octubre de 2008

SANTIAGO!!!

Hoy correspondía poner el título "Etapa 13: Arzúa - Santiago (37 km)" pero dadas las circunstancias me apetecía poner algo más expresivo.
Al final no pude resistir la tentación y fuimos a la plaza del Obradoiro. Estuve un buen rato tirado en medio de contemplando la catedral. Es preciosa. Nunca me lo ha parecido tanto. Gracias a todos los que nos disteis ánimos durante este viaje. Dicho todo esto comencemos con la crónica de la jornada.
El día amaneció totalmente cubierto de niebla. Como estábamos en un albergue privado aprovechamos para salir más tarde y así esperar a que despejara un poco. A las 10 comenzamos nuestro último día de ruta. En mi interior dos fuerzas opuestas: por una parte saber que estás a punto de llegar a la meta soñada hacia que mis fuerzas me permitieran volar sobre la bicicleta; por otra parte también por saber que estás a punto de llegar a la meta soñada sabía que el camino estaba a punto de terminar por lo que cualquier cosa me parecía buena excusa para parar o al menos disminuir la marcha.
La niebla que nos acompañó hasta superar el río Tambre le daba al camino un aire místico y mágico como sí fuera un augurio de que hoy era el gran día.
Los km iban transcurriendo por sendas entre frondosos bosques, a veces de pinos otras de eucaliptos pero siempre acompañados por un sin fin de peregrinos. Ciertamente algunos tramos de esta última etapa parecía el paseo marítimo una tarde soldada de julio (la gente de Coruña sabrán bien a lo que me refiero) sin embargo curiosamente no vimos ningún otro bicigrino. A pesar de ello puse especial énfasis en saludar a cada peregrino que adelantamos. Quizás con eso pretendía transmitirles parte de la emoción que me embargaba paulatinamente a medida que nos acercabamos a nuestra meta.
Tras serpentear a un lado y otro de la general (muy mal por la Xunta por no proveer de pasos subterráneos en todos los cruces con la nacional) llegamos a las inmediaciones del aeropuerto. Un duro ascenso de 2 o 3 km que sin embargo hoy subí como empujado por una fuerza especial, la fuerza que me daba imaginar las torres de la catedral que ya casi podía sentir.
Pasado el aeropuerto un par de rampas y sus correspondientes subidas para llegar al monte del gozo. Antes de ello me equivoqué de camino y de casualidad llegué a las oficinas de mi amigo Marcos donde recogí sus alforjas hace escasamente 3 semanas. Para mis adentros pensé "aquí comenzó todo". Un suspiro, una foto y marcha atrás para volver a localizar las flechas amarillas.
Al pasar el monte del gozo ya se diviso Santiago. Procure no buscar con la mirada las torres de la catedral entre las casas. No quería verlas antes de tiempo, todavía no. Un rápido descenso y ahí estaba el cartel que anuncia el nombre de la población. "Santiago" ponía. En este momento me acorde del letrero que había en Roncesvalles "Santiago 790". Cuanto camino recorrido y ahí estaba, a las puertas de conseguir el reto personal.
A partir de aquí ya no veía las flechas amarillas. Ya había estado en muchas ocasiones en Santiago y mis piernas ya se dirigían solas hacia la catedral, tanto que por constumbre eligieron el camino que baja por las escaleras que llevan al hostal de los reyes católicos. Me eché la bici al hombro para bajar los escalones que eran mi último escollo antes del glorioso momento. Curiosamente en este momento la bicicleta me pareció ligera como una pluma. Al llegar a la plaza fui hasta el centro teniendo cuidado de no girar la cabeza hacia la catedral, deje la bici en el suelo, inspire aire hondo, expire y me volví. Ahí estaba la catedral iluminado por un magnífico sol más magestuosa que nunca. Me tumbé en el suelo y la seguí contemplando inmóvil varios minutos. Hoy la veía absolutamente diferente. Era como sí mi mente percibiera mucho más nítidamente cada detalle, cada tono de color, cada matiz en las figuras. Supongo que más de 700 km esperando este momento habrían entrenado mi mente y mis sentidos de una forma especial.
He de reconocer que por unos momentos pensé en entrar. Era como sí la catedral me estuviera llamando insistentemente. Aún así quería dejar ese momento para la misa del peregrino de mañana, justo antes de recoger el merecido reconocimiento de nuestro esfuerzo: la compostela.
Hoy hemos puesto el penúltimo sello en nuestra credencial en el albergue del Seminario Menor (el último será mañana en la oficina del peregrino). El albergue está muy bien y tiene como principal ventaja estar a 15 minutos andando de la catedral. Mañana dejaremos las bicis y las mochilas aquí mientras vamos a comprar recuerdos y a la misa del peregrino.
Mañana será sin duda un día muy intenso emocionalmente. El fin del camino y la vuelta a la vida real tendrán lugar en escasas horas. No se sí lo he asimilado de momento pues creo que mi mente aún sigue contemplando la fachada de la catedral. Mañana a medida que vayan pasando las horas iré tomando conciencia de todo y espero poder expresar con más claridad todo este vendabal de emociones. Mientras tanto sólo decir por última vez "Buenas noches y buen camino" pues el siguiente post ya lo haré desde Coruña y ahí sí que el camino habrá terminado realmente.
PD.: hoy acompañan este texto dos fotos. En la que estamos Luis y yo es la que consideraré foto "oficial" de este blog. La otra en la que salgo con la camiseta del club la he incluido con especial cariño a mis compañeros del club de ciclismo Riazor que han tenido buena parte de "culpa" de esta aventura. Sí no me hubieran metido en la "locura" de la bici no creo que hubiera vivido nunca esta aventura. Un abrazo para todos vosotros

jueves, 2 de octubre de 2008

Etapa 12: Portomarin - Arzúa (55 km)

Hoy ha sido un día en el que he vivido el espíritu del camino en toda su plenitud. Nos lo hemos tomado con calma desde el principio, hemos hablado con la gente, saludado a todos los peregrinos, degustado una estrella galicia con un madrileño y una alemana... De esta forma los km fueron pasando casi sin darnos cuenta ya que lo que media hoy el progreso de la etapa no era la distancia recorrida sino el número de experiencias acumuladas.
La mañana comenzó oficialmente a las 7:30 cuando encendieron las luces del dormitorio del albergue. No nos dimos prisa en salir ya que todavía era de noche y no queríamos montar las luces en la bicicleta para sólo unos km. De esta forma comenzamos el trayecto a las 8:30. Lo primero tomar otro par de instanteas del impresionante estado del embalse de Portomarín que atravesamos por un estrecho puente peatonal de metal. Luego unas cuestecillas para ir entrando en calor. Por cierto, hoy me dolían las piernas al despertar por lo que por una vez estiré bien y puede que fuera por eso o no pero me encontré bastante bien.
El trayecto fue un 50% asfalto y un 50% corredoira. Constantes subidas y bajadas que no dejaban enfriar las piernas. Lo que sí enfriaba y de que manera era el resto del cuerpo en las bajadas con el aire frío.
En Arzua nos volvieron a rechazar en el albergue público por ser ciclistas. Afortunadamente pocos metros más abajo estaba el albergue privado "da fonte" que fueron 7€ y está mucho mejor que cualquiera público. Como ejemplo las habitaciones son de 4 camas y hoy la tenemos sólo para nosotros 2.
Como veis no ha pasado nada especial, no hemos conocido grandes personajes ni superamos grandes cimas. Sin embargo en mi interior siento que ha sido un gran día, posiblemente el día más "auténtico", cuando más he vivido el camino. Lo malo es que ahora que creo hacer asimilado el verdadero espíritu del camino mañana este llegará a su fin. Pero sólo "este camino". Hay todavía muchos caminos y muchos años por delante. Pero esta es otra historia que ya comentare en el epílogo de este blog.
Mañana sin duda será un día especial. 38 km nos separan de Santiago. 38 km de ver las torres de la catedral. Aún recuerdo cuando una semana antes de emprender esta maravillosa locura fuimos al Decatlhon de Santiago y dije "La próxima vez que vea esta ciudad se me caerán las lágrimas". No se sí esto va a ser así pero mañana lo descubriré.
El plan es llegar a Santiago para comer y aunque estemos ahí evitar acercarnos a la catedral para dejar el gran momento para el sábado a eso de las 11 para asistir a la misa del peregrino a las 12 y dar así por finalizado el reto ... de momento.
No se sí esta noche dormire bien o no. Me estoy autoconvenciendo que el gran día es el sábado a propósito para dormir hoy aunque nadie me conoce mejor que yo mismo y dudo de mis fuerzas para alejarme mañana de la catedral ...
Mañana os lo contaré. Buenas noches y buen camino

miércoles, 1 de octubre de 2008

Etapa 11:Triacastela - Portomarin (49 km)

Quería resumir en una sola palabra esta etapa pero no doy elegido entre dos que la describen perfectamente: "Belleza" o "Galicia". Acaso no sabré elegir porque ambas significan lo mismo?
Y es que desde que entramos a Galicia los trayectos son de una belleza sin igual discurriendo por caminos entre árboles que entrecruzan sus ramas sobre nuestras cabezas, pequeñas aldeas que nos trasladan al pasado, puentes para cruzar una y otra vez los ríos que bordean el camino constantemente. En definitiva, que cualquiera que haga el camino y que haya pasado 2 semanas caminando por Castilla tienen que quedar éxtasiados cuando llegan a Galicia. Dicho esto pasemos a describir un poco la jornada.
Esta noche habíamos parado en un albergue privado. La verdad mucho mejor que uno público aunque faltaba el ambiente de "gran familia" que hay en uno público. Aquí era gente más "fina" que iba a su aire. Como muestra fuimos los únicos que cocinamos nuestra cena, el resto fue a cenar fuera. Pues bien, como la hora de salida del albergue era a las 12 y el día anterior habíamos adelantado 22 km decidimos darnos el gustazo de dormir hasta tarde, hasta las 9, je, je.
Salimos del albergue sobre las 10:30. Justo al final de Triacastela el camino se bifurca a izquierda y derecha. Nosotros cogimos a la derecha pues queríamos ir al monasterio de Samos. Nada más girar una subida por carretera que sí coincidiera a otras horas ni mencionaría pero siendo en el primer minuto de marcha del día me pareció otro Cebreiro. El cansancio se va acumulando y cada día mis piernas tardan más en calentar.
Tras dos o tres km por carretera hay un desvío a la derecha en donde empieza un bello camino típicamente gallego con sus corredoiras, aldeas y vacas. Aunque vuelve a salir a la carretera 4 km más adelante merece la pena cogerlo. Además, a pocos metros de volver a la carretera encontramos otro sendero que ya nos llevará hasta el monasterio.
El monasterio de Samos es de los más importantes y bonitos de Galicia. Sellamos ahí la credencial y nos dijeron que iba a empezar una visita guiada por 3€. Decidimos apuntarnos y no estuvo mal aunque esperaba algo más espectacular. Creo que he visto demasiadas catedrales en los últimos días ...
Continuamos por más sendas en medio de la naturaleza hasta que llegamos a Sarría donde comimos. Al salir del pueblo alguna subida que me tomé con mucha calma al estar haciendo la digestión. Que mal me sienta pedalear después de comer, decididamente para el camino de santiago hay que hacer horario de funcionario, de 8 a 3 y la tarde para descansar.
Continuamos nuestro viaje hasta el destino de hoy, Portomarin. Como seguramente sabreis el antiguo pueblo de Portomarin fue sumergido al hacer un embalse por lo que se construyó uno nuevo más arriba. Incluso la iglesia fue movida piedra a piedra y en alguna de ellas aún se nota la numeración que le pusieron para reconstruirla. Pues bien, quedamos boquiabiertos al ver el embalse casi vacío a emergiendo de él los restos de las casas y calles del antiguo pueblo. La verdad es que no contaba con ver en Galicia un embalse con tan pocas reservas de agua.
En el albergue tuvimos suerte y nos dieron prácticamente las últimas camas. No nos podemos quejar ya que dormiremos en cubierto por 3€ pero es el albergue con menos espacio en el que hemos estado habiendo verdaderos problemas para moverse por la habitación saltando sobre las mochilas de la gente.
Estamos a sólo 92 km de Santiago. El final de la aventura está a la vuelta de la esquina. Ya hemos superado las mayores dificultades y ahora cada metro que recorremos por Galicia se disfruta con un sabor agridulce. Dulce porque es nuestra bella tierra y una maravillosa recompensa a nuestro esfuerzo. Y agrio porque cada metro que recorremos nos acerca al final de esta aventura que hasta ahora sólo ha tenido buenos momentos. Pero ya lo dice el refrán "no llores porque haya terminado, sonríe porque lo has vivido".
No me voy a poner más filosófico hoy que ya habrá ocasión en los próximos días así que mientras no entre por la puerta de mi casa hay camino por lo que tengo que terminar diciendo como siempre ... Buenas noches y buen camino
PD.: este post lo tuve que enviar al día siguiente porque desde el albergue de Portomarin fue imposible hacerlo

martes, 30 de septiembre de 2008

Etapa 10: Ponferrada - Triacastela (72 km)

YA ESTAMOS EN GALICIA!! Y eso significa que el último gran escollo, el Cebreiro, ha sido superado.
La mañana no empezó del todo bien. Luis tenía la rueda trasera pinchada y nuestro único bombin no funcionaba. Tuvimos que buscar la gasolinera más cercana para inflar la rueda y no salimos de Ponferrada hasta las 9:45.
Poco que destacar del camino hasta el Bierzo a parte de que no me notaba al 100% después de la movida jornada de ayer y de no haber dormido demasiado bien. En este trayecto se me pasó varias veces por la cabeza quedarnos en Villafranca del Bierzo y dejar el Cebreiro para mañana. Tras un café y un bollo ya se veía todo de forma diferente y nos lanzamos hacia el Cebreiro no sin antes comprar el último bombin que quedaba en la única tienda de bicicletas de Villafranca.
El camino hacia el Cebreiro es curiosamente llano y lo recorrimos a una media de más de 20 km/h. Transcurre por el arcen de la nacional pero muy bien protegido por una mediana como las de las autopistas.
Durante este tramo conocimos otro de esos personajes que sólo pueden aparecer en el camino. En un momento que dudabamos sí nos equivocaramos de dirección vimos venir hacia nosotros un peregrino de unos 70 años. Cuando le preguntamos sí íbamos bien dijo que sí, que él venía de vuelta. Nos pusimos a hablar y nos contó que se llamaba Máximo y que había hecho el camino del norte y ahora volvía a su casa de Barcelona por el camino francés. Pero este no era su viaje más largo, en el 2000 fuera de Barcelona a Jerusalén andando lo que le llevó 9 meses. Ahora su proyecto era en febrero comenzar la peregrinación a Santiago desde Jerusalén para llegar a la apertura de la puerta santa en 2010. Estuvimos hablando casi media hora durante la cual nos contó unas historias impresionantes. Además nos aconsejó subir por la ruta de bicicletas al Cebreiro.
Tras despedirnos seguimos nuestra aproximación al Cebreiro. Poco a poco íbamos alcanzando los pueblos que tantas veces había leído en la guía: Trabadelo, Valcarce, Ambasmestas, etc. A la par que nos acercabamos iba notando como la adrenalina fluia cada vez más por mi cuerpo haciendo desaparecer todo vestigio de cansancio. Así llegamos al momento de la decisión: la flecha marcaba a la izquierda peregrinos y a la derecha bicigrinos. Aunque días antes estaba decidido a intentar el camino de peregrinos tantas opiniones en contra equilibraban la balanza (de hecho se lo pregunté a propósito a todos los que vi con experiencia y todos fueron unánimes al recomendar subir por carretera). Finalmente fueron estas recientes palabras de Máximo las que nos llevaron a decidirnos: "sí subis por el camino vais a terminar subiendo primero las mochilas y volviendo luego por las bicis". Así pues comenzamos una larga ascensión por asfalto donde el único reto era completarla sin poner pie en tierra. Tengo que reconocer que aunque conseguí ese reto (dejando al lado el tiempo justo de coger un agua fría de una máquina expendedora) hubo varios momentos en los que seguí pedaleando más por honor que por fuerzas. Eché mano del sobre de glucosa que traía como arma secreta y aunque no estoy seguro creo que funcionó.
Tras una hora de duro ascenso llegué al pequeño pueblo del Cebreiro (pueblo por llamarle algo pero no me pareció que hubiera viviendas sino sólo comercio para los peregrinos). Como Luis se había quedado un poco atrás decidí esperarlo ya en tierra gallega de la mejor forma posible, degustando una estrella galicia. Esta es la foto que he escogido para este post.
Luis llegó al cabo de pocos minutos y nos dirigimos al albergue en busca de una merecida ducha. Aquí el primer encontrónazo con na madre tierra gallega. Tras no tener problemas en ningún albergue del camino fue el primero que nos negaron la entrada hasta las 19 por ser ciclistas. Decepcionados decidimos comer y seguir camino hasta Triacastela. Aquí vino nuestra segunda decepción con Galicia. Las indicaciones, aunque suficientes, eran mucho menos numerosas que en otras regiones y en los primeros compases la falta de señales o flechas nos llavaba a dudar de nuestra ruta.
Luego de superar una "pequeña" subida llegamos al alto de San Roque. Faltaban todavía unos 17 km hasta Triacastela y la guía de la Xunta de Galicia que venimos siguiendo indicaba que sólo quedaban bajadas. Pues bien, se olvidaron de una subida en tierra muy dura y bastante larga que entre el cansancio de la mañana y que estaba haciendo la digestión del menú tomado en el Cebreiro hizo que por primera vez en este camino tuviera que rendirme y empujar penosamente la bici durante los últimos 200 metros de subida. Tras ello volvimos a la carretera para emprender una rauda bajada durante unos km hasta que faltaban aproximadamente 7 para Triacastela.
Aquí prestad atención todos los amantes de la bicicleta de montaña. Justo tras los carteles que anuncian el municipio de Triacastela cogimos un desvío a la derecha que nos llevó a una impresionante bajada de 6 km que transcurre por corredoiras, caminos de piedras, otros con charcos y ríachuelos, aldeas típicas pero todo ello con el denominador común de no dar una pedalada ni tocar asfalto en esos 6 km. Junto con la bajada de la cruz de ferro otro punto que tengo que repetir. Eso sí, tras lo de ayer hoy bajé mucho más suave parando incluso a la mitad para dejar enfriar las zapatas y las llantas que quemaban.
En Triacastela el albergue municipal estaba lleno y nos quedamos en uno privado llamado "Berce del camino". Cuesta 7€ y está bastante bien. Recomendable.
No me extenderé hoy tampoco con las conclusiones pues ya tengo ganas de descansar tras el largo día. Sólo decir que hay veces en la vida que uno tiene que seguir su instinto y hacer lo que cree aunque el resto de la gente no este de acuerdo. Puede que no fuera la opción adecuada pero al menos uno quedará en paz consigo mismo por haberlo intentado. Hoy subí por carretera por seguir el consejo del resto del mundo. Puede que nunca sepa sí hubiera sido capaz de subir por el camino y ello será una espina que llevare clavada. Todo por no seguir lo que el corazón me pedía.
En el camino como el la vida cada uno tiene que hacer lo que su interior le dice que es lo correcto. Sí no lo haces no te encontrarás bien contigo mismo y eso es lo peor porque uno mismo es la única persona con la que seguro que tienes que "convivir" toda la vida.
El camino nos enseña muchas cosas. Espero poder aprender las máximas posibles.
Os deseo a todos y todas buenas noches y buen camino.

PD. para Emilio: Sí, dejé mi pequeña piedra en la Cruz de Ferro. Se que debería ser de un tamaño proporcional a mis pecados pero creo que compenso eso con el lastre de las cosas que he traído de más.

lunes, 29 de septiembre de 2008

Etapa 9: Astorga - Ponferrada (59 km)

Finalmente sí ha sido la dura jornada que se preveía pero no por su exigencia física sino por los imprevistos mecánicos.
Comenzamos el día con un energético desayuno de café, zumo de naranja y churros en un bar cerca del ayuntamiento. Conocedores del duro trayecto cogimos un ritmo suave que nos permitiera ir calentando en la fría mañana de Astorga. Hoy me juré que lo próximo que me compre para la bici será un calientaorejas. Ya se que suena tonto pero hoy casi se me helaron con el gélido aire matutino.
La salida de Astorga está bien señalizada. Rápidamente nos encontramos en un camino de grava que poco a poco fue cogiendo pendiente. Bellísimas las flechas que los peregrinos fueron improvisando con piedras rojas cada pocas decenas de metros.
De esta forma llegamos a una parte donde el camino discurria al lado de la carretera con las montañas al fondo como destino. Mientras el camino fue paralelo a la carretera fuimos por el asfalto para dosificar las fuerzas pero en cuanto se separó ligeramente nos lanzamos ansiosos a él. La ascensión en sí había comenzado. Como el perfil de la etapa asustaba desde un principio subimos con calma pero sin poner pie en tierra.Tras un km o dos encontramos otra vez la carretera con dos claras señales: a los bicigrinos les aconsejaban subir por el asfalto mientras el camino tradicional a pie continuaba de frente. Evidentemente no nos lo pensamos ni un segundo y seguimos por el camino. Poco a poco fueron apareciendo los pueblos que había leído tantas veces en la guía: El Ganso, Rabanal del Camino y Foncebadon (este último de gran belleza). Antes de que nos dieramos cuenta allí estaba la Cruz de Ferro, pequeña en dimensiones pero grande en significado. Nos encontrábamos en uno de los puntos más míticos del camino que antes de comenzar está aventura. La subida había sido mucho más fácil de lo esperado aunque eso no le resto magia al momento. Conocedores de la dificultad de la bajada Luis y yo acordamos hacerla por asfalto y camino respectivamente y vernos en Molinaseca. Así Luis emprendió la bajada por la carretera y yo me quedé un rato más charlando con otros peregrinos y disfustando del momento.
Cuando me dispuse a emprender la bajada comenzó mi víacrucis particular. Aunque antes de salir de Coruña había cargado las cámaras de líquido antipinchazos ahí estaba mi llanta trasera tocando el suelo. "Bueno, la Cruz de Ferro no me ha dado mucha suerte" pensé, pero aún no había nada más que comenzado la racha. Me dispuse a cambiar la cámara por la que había traído de repuesto también con líquido antipinchazos cuando vi sorprendido que estaba pegada a sí misma. Supongo que al meterle el líquido derrame algo por fuera y al traerla plegada se había quedado pegada. Intenté despegarla con cuidado pero sólo conseguí hacerle un 7.
Allí estaba yo con dos cámaras antipinchazos pinchadas. Había que parchear. Como soy previsor antes de salir de casa había comprado líquido de parches nuevo porque sabía que se estropea tras varios meses. Lo que no sabía es que los parches también se deben de estropear porque intenté parchear ambas cámaras sin resultado alguno. Aquí apareció en escena Jorge, un bicigrino madrileño al que le debo la salvación hoy. Amablente me ofreció sus parches (también de decathlon como los míos pero recién comprados) y con ellos parcheé una cámara sin problemas. Cuando vi que no perdía aire le agradeci la ayuda y le dije que ya no hacia falta que demorara más su viaje que ya podía terminar sólo la separación.
Eso creía yo pero no fue así. Mi bombin conseguía dar algo de presión pero llegado a un punto y por mucho que insistieras (sude mucho más aquí que en la subida) no conseguía llegar a la presión necesaria para circular con normalidad. Espere un rato a ver sí aparecía algún bicigrino para pedirle su bombin pero no hubo suerte. Decidí comenzar a bajar andando ya que parado me desesperaba. Para mi sorpresa y alegría al cabo de un km más o menos encontré otra vez a Jorge que había parado a conversar con otros peregrinos. Con su bombin (también de decathlon) conseguí darle presión a la rueda y decidimos hacer la bajada juntos.
Aquí un alto en la historia porque la bajada lo merece. En la guía ya la describian como muy dura y difícil para las bicis. Pues bien, ¡Se quedaban muy cortos! Es con mucho la bajada más impresionante y difícil técnicamente que he hecho y se la recomiendo a cualquier loco de la bicicleta de montaña (y recalco lo de loco).
Ahí estaba yo, después de 5 aburridos días de rectas y llanos ante un desafío de bajada. Está claro que acepte el reto y me lancé a por él. Tenía que ir constantemente parando para esperar por Jorge que bajaba a pie algunos usamos. Yo estaba gozando cada roca, cada grieta y en definitiva cada metro de bajada. Tanto que me olvide que no iba en mi Gary Fisher de doble suspensión sino en una semirígida con 12 kg en las alforjas y claro, sucedió lo que tenía que suceder, escalón brusco y silbido de aire saliendo a borbotones. Había rajado la cubierta y la cámara contra una piedra (cubierta que había comprado 2 días antes del viaje).
Y el tercer "ahí estaba yo" de este post. Ahí estaba yo en medio de la nada con una cubierta rajada y sin cámaras de repuesto. Había que ingeniarselas para poder llegar a Ponferrada que estaba a unos 15 km. Una vez más Jorge me dio sus parches y bombin. Para impedir que la cámara saliera por la raja de la cubierta cogí un block de notas que llevo que tiene las tapas de plástico y utilicé una de ellas para reforzar la parte interior de la cubierta donde estaba la raja. Así conseguí hinchar la rueda lo suficiente para ir con mucho cuidado hasta la carretera más cercana y seguir por ella hasta Ponferrada. Aquí me despedí de jorge y le di mi email para que me enviara unas fotos. Espero que me escriba porque le debo una cena sí viene por coruña.
Entre tanto Luis había llegado a Ponferrada y visto el castillo. Yo llegué al albergue sobre las 5 de la tarde. Tras ducharme fuimos a una tienda de bicis cercana con "modicos" precios que indican que no tiene competencia en el pueblo. Como no era momento de buscar alternativas pagué lo que me pedían por una cubierta, una cámara y unos parches y por fin pude volver a tener la bici en condiciones.
La Cruz de Ferro ha pasado. nuestra idea era haber llegado hoy hasta el Bierzo para atacar mañana la imponente subida al Cebreiro. Desgraciadamente con mis problemas nos hemos quedado a 40 km del comienzo de la subida así que mañana decidiremos sí hacemos la machada y afrontamos la subida tras esos 40 km o bien hacemos una minietapa hasta al Bierzo con lo que tendríamos que pasar toda el día en ese pequeño pueblo.
Aún tendría muchas conclusiones y sensaciones que contaros pero son las 22:50 y ya todo el mundo duerme en la sala. Mejor lo dejamos que mañana será otro día (y espero que con menos imprevistos).
Buenas noches y buen camino